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García Calvo “Hay jugadores que no estan dando la cara”

El director deportivo del Real Valladolid, José Antonio García Calvo, se ha mostrado crítico con el último encuentro del conjunto vallisoletano (ante el Nástic, 1-0) y el compromiso de algunos futbolistas de la plantilla que, según él, “no están dando la cara”.

“Estoy preocupado. No me gustó nada el partido. Sin correr y con la actitud del otro día no vamos a ningún sitio. No me gustaron las cosas que vi. Hay una ansiedad por la situación, los resultados, que nos estaba bloqueando, pero otra cosa es dejarse la vida en el campo y el otro día no se hizo”, ha opinado.

Algo que para García Calvo es “innegociable”, aunque ha incidido en que quiere pensar que “ha sido un accidente”, pues ha considerado que en el anterior partido, ante el Tenerife (2-2), “a los jugadores no se les puede achacar nada”.

Sin embargo, ha calificado el encuentro realizado ante el Nástic de Tarragona como “lamentable”, sobre todo en la primera parte, algo que ya detectó “desde el primer minuto”.

“No es una cosa ni nuestra, ni del entrenador, sino que es una cosa de los que juegan. Prefiero olvidarlo pero va a ser complicado. Hay que tomar nota, ver qué pasa, preguntarle individualmente al futbolista y ver las sensaciones”, ha añadido.

En este sentido, José Antonio García Calvo se ha cuestionado si “los jugadores son conscientes de la situación a la que puede llevar todo esto”.

“Tenemos que espabilar y al final tenemos el mercado de invierno abierto y el que no esté capacitado o el que se vea que no tiene la personalidad y el carácter para seguir en este equipo que lo diga y se buscan soluciones”, ha matizado.

Para el director Deportivo del Real Valladolid, los jugadores deben hacer “autocrítica” y darse cuenta de que “tienen que morir en el campo”.

“Hay algunos futbolistas que no están dando la cara y esto tiene que cambiar. No están bien. Se pusieron muchas expectativas en ellos, son gente impor

Una demanda que García Calvo trasladará el martes, según ha avanzado, a toda la plantilla, puesto que ha dejado claro que “es hora de que el futbolista dé un paso adelante”.

Asimismo, ha subrayado que el técnico del equipo, Abel Resino, que desde que se hizo cargo del equipo hace cuatro jornadas sólo ha sumado un punto, tiene “todo el crédito del mundo”. “A ver si vamos a ser todos muy malos y los futbolistas son muy buenos. Llega un momento en el que hay que ser maduro. Vamos a hacer autocrítica y hablar ya en el campo. Donde tienen que hablar los futbolistas”, ha aseverado.

El Real Valladolid es duodécimo con 23 puntos en su casillero, una situación muy lejana a su objetivo inicial: el ascenso. “El objetivo por suerte o por desgracia a día de hoy es cambiar la dinámica con un resultado positivo. Cuando el equipo lo consiga hablaremos”, ha dicho.

Posibles refuerzos

“El equipo necesita sentirse liberado ganando un partido, pero para eso hay que trabajar, y en Segunda División como no seas competitivo y salgas al campo a correr más que el rival te pinta la cara todo el mundo”, ha reflexionado.

Por otro lado, García Calvo ha dejado claro que la dirección deportiva está trabajando “para mejorar en todo lo que se pueda” en este mercado invierno dentro de las posibilidades económicas del club, “que no son muchas”.

“Hay que hacer encaje de bolillos, pero para correr puede correr igual uno que gana 50 u otro que gana 200. En tu contrato pone que tienes que correr pelear y darlo todo por el club por el que has firmado. Evidentemente nadie te pone a ti una pistola en la sien para que firmes. Nadie te firma para que ganes sino para que des todo y tengas compromiso por el club que te paga”, ha recalcado.

Por último, ha indicado que esta misma semana puede que “lleguen un par” de fichajes, así como ha apuntado que tiene “confianza y fe en el equipo, pero lo primero tienen que ser hombres para jugar al fútbol”.

Tratado de psicología

Abel Resino insiste en que la única solución para que el Real Valladolid salga de la crisis de ansiedad por la que atraviesa es ganar un partido

El discurso de Abel Resino no cambió en la sala de prensa del Nou Estadi. El técnico blanquivioleta sabe bien que el Real Valladolid sufre una crisis de identidad agravada por un cuadro de ansiedad y despersonalización. ¿El remedio? “Hasta que no consigamos una victoria no vamos a salir hacia delante porque cada partido tenemos más ansiedad”, recetó el técnico madrileño.

Para Abel, la solución está en el trabajo y en sacar el orgullo que cada jugador tiene dentro. Preguntado por posibles cambios en el once, el entrenador subrayó que “entre sancionados y lesionados, más las situaciones especiales de algunos futbolistas, en estos momentos no hay muchas variantes”.

Tras sumar dos puntos en los últimos siete partidos y situarse en la tabla a mitad camino entre el descenso y la zona de promoción de ascenso, el técnico, fiel a su guion, no quiso ver la botella ni medio llena ni medio vacía. “El único objetivo que podemos plantearnos ahora mismo es ir partido a partido, sólo podemos en ganar el sábado al Huesca”, insistió.

1-0: El Pucela no sale del túnel

Perdió con el colista después de un partido flojo y se estanca en una serie nefasta de dos puntos en sus últimos siete partidos

El Real Valladolid no consiguió en Tarragona, frente al colista, salir de la espiral de resultados negativos en la que ha entrado en la Liga Adelante. Perdió, con justicia, por 1-0, tras un flojo partido. Una nueva derrota dolorosa que socava aún más su debilitada moral y le aleja aún más de los mejores de la división de plata.

Después de un comienzo esperanzador, en los que sacó adelante con solvencia los partidos en Zorrilla y en los que fuera de casa, sin un gran fútbol, ganó en Granada y estuvo a doblegar al Elche y a la Ponferradina, el equipo blanquivioleta ha entrado en una dinámica de derrotas que le descolocado hasta convertirle en un equipo irreconocible para los aficionados que le vieron golear al Villarreal B, Recreativo o Las Palmas, o que dio la cara ante el ahora intratable Betis.

Esta tarde en el Nou Estadi de Tarragona el Real Valladolid volvió a dar muestra de equipo perdido, que busca, entre asustado y agobiado, su identidad. Cada jugador, nublado en una nebulosa colectiva, parece menos de lo que es, y el resultado colectivo es un equipo atenazado y sin personalidad, que no se encuentra a gusto en el campo, que sufre igual cuando tiene el balón que cuando tiene que recuperarlo. Hasta un futbolista majestuoso como Javi Guerra, se diluye en el fluido colectivo.

Hasta tal punto ha llegado el Real Valladolid que los rivales, aunque sea el colista como el Nástic, un equipo que trata de explotar sus pocas armas para huir de la quema del descenso, parecen crecerse frente a los blanquivioleta y encuentran siempre una grieta para derribar un muro poco consistente.

En esta ocasión fue Rubén Navarro, otro viejo delantero-rockero de los que abundan en Segunda y que a falta de físico conservan todavía la veteranía para rematar a un rival herido, quien dio la puntilla al Real Valladolid, con un gol en el minuto 70. Podía haber sido en la primera parte, en la que Justo Villar salvó al Pucela en varias ocasiones, pero en el único balón que el paraguayo no pudo atajar, el Real Valladolid encajó el gol.

Si con el empate el Real Valladolid no tuvo jerarquía para imponerse a un débil Nástic, también agobiado por su condición de colista y una racha de siete partidos sin vencer, tras el gol apenas pudo sostenerse en pie. Sólo con acciones individuales, que nacieron del corazón, de un corazón herido, consiguió llegar hasta el área de un Nástic que le esperaba asustado ante un empate que le mataba. Pero el equipo realmente asustado, atenazado y encogido era el Pucela.

La próxima oportunidad de levantar la cabeza será ante el Huesca, el próximo sábado, a partir de las 18 horas.

Estación de penitencia

a escena la resaltaba Juan Carlos Amón, el jefe de deportes de la Cope: muere el primer tiempo, en el que el Valladolid ha sido lo más parecido a una caricatura chusca y burda de un remedo de equipo de fútbol. El Nástic saca una falta en medio del campo. En corto. El balón lo tiene Miki, un medio centro trabajador, peleón, perseverante, pero con una calidad escasa. Levanta la cabeza y desde 40 metros, mete un pase en profundidad que lo hubiera firmado Xavi o Iniesta. El balón supera la supuesta línea defensiva blanquivioleta, y encuentra a Powel, que ante la salida de Villar se lanza con los tacos por delante y golpea en el brazo al cancerbero. En cualquier equipo, lo han visto muchas veces, eso hubiera significado un grupo de compañeros del portero afeándole la conducta al rival. En el Valladolid, no. En este equipo, todos se fueron dejando al paraguayo doliéndose. Nadie se acercó, nadie dijo nada.

La fotografía refleja en cierta manera lo que está ocurriendo en el Valladolid. Porque esa falta de compañerismo aparente es lo único que puede explicar el encuentro. La otra explicación es mejor ni considerarla. La plantilla de Abel soltó en el Nou Estadi un petardazo de los que se oyen en muchos sitios y muy lejanos. Se destapó con una primera mitad deleznable, impropia de la historia de un club que va camino del centenario. Deslavazados, sin intensidad, sin conexión, anárquicos, descoordinados, sin fuerza, sin fe, sin intensidad, sin espíritu. El grupo, con sus excepciones, fue un dolor para cualquiera que sienta a Valladolid en algún punto de su organismo. Por momentos, el colista parecía el Pucela, que se veía superado por un equipo justito de técnica, justito de calidad y justito de fuerzas, pero que tenía el suficiente orgullo como para mantener la ilusión de que se podía lograr algo. Y encontró el premio a su esfuerzo, aunque hay que aclarar que el Valladolid les ayudó mucho. Muchísimo. No se vayan a creer estos de Tarragona que son capaces de hacerlo todo ellos. No. Hay que reconocer que los blanquivioletas fueron actores determinantes en ese buen juego de los catalanes.

Y las bajas no son excusa, claro. Porque si bien es cierto que en la segunda mitad el equipo mejoró, justo cuando Óscar se fue al vestuario -hay rumores que señalan que ni siquiera tuvo necesidad de ponerse bajo la ducha-, no es menos cierto que esa mejora vino de la mano del progresivo hundimiento de los locales, que habían hecho todo el gasto.

El Valladolid, y esto es lo preocupante y lo que lleva a los aficionados a esta estación de penitencia que se ha de superar, no sabe a qué juega. Ningún dibujo le funciona. La calidad de muchos de sus futbolistas está perdida en los bajíos del holandés errante, porque no hay manera de encontrarla.

¿Y del partido no piensa usted contar nada?

Me gustaría, no lo dude. Me entusiamaría, incluso. Me han pagado un viaje para hacerlo, pero es que hay pocas cosas que contar, pero voy a intentarlo.

El Valladolid es un flan, pero uno de esos que tiembla con solo mirarlo. En apenas un cuarto de hora, el Nástic le había hecho dos ocasiones claras y cada vez que un balón con rosca sobrevolaba el área de Villar, se intuía el peligro. El sistema no le funcionó a Abel, que para colmo se encontró con jugadores que no sacaron el orgullo. Las voces del de Toledo a Óscar, reclamándole que bajara a recibir, que buscara el balón, que trabajara, son paradigmáticas. El equipo no tenía conexión alguna. Vivía del esfuerzo generoso de Sisi, de alguna cosita -poca- de Alonso, de los intentos de Guerra y, sobre todo, de las paradas de Villar. El capitán de la selección guaraní mantuvo al Valladolid con vida, pero cuando el mejor es el portero…

En la segunda mitad, la mejoría vino por los retoques, y el gol, cosas del fútbol, lo hizo en el momento en el que el Nástic más agobiado estaba. Pero eso no es relevante. En absoluto. Lo relevante es que ahora mismo el Valladolid es un penitente que carga una cruz que pesa más a cada estación que supera, pero que aún no sabe ni cómo es esa cruz, ni cómo ha llegado a su espalda, ni cómo ha de hacer para desprenderse de ella. Y como no encuentre rápido la manera de endosársela a alguien, cuando quiera darse cuenta se encontrará en los altos del Gólgota, observado por una multitud, y clavado al madero.

Posibles incorporaciones en invierno

Darse una vuelta estos días por las redes sociales, los foros especializados o las páginas de Internet especializadas en fichajes o en recoger todo tipo de dimes y diretes respecto a traspasos de jugadores, es un ejercicio curioso. Y agobiante, a la vez. Decenas de nombres asoman a golpe de ratón por cualquier página que se muestre en la pantalla del ordenador. Y el Real Valladolid no es ajeno a ello. Decía José Antonio García Calvo días atrás que el club está continuamente viendo jugadores, analizando opciones, estudiando posibilidades, con el objetivo de que cuando se presente una ocasión la reacción sea rápida y el fichaje se materialice. Se trata de tener el mercado lo más controlado posible, y que cuando un nombre aparezca, conocerlo, tenerlo estudiado, saber sus virtudes y defectos y poder decidir rápido.

Es cierto que esos chollos aparecen de ciento en viento, y que mirlos blancos hay muy pocos. Pero existen. He ahí el caso de Pedro León, un jugador muy cotizado, al que Roberto Olabe logró llevarse del Levante por 300.000 euros pese a que equipos con más dinero estaban dispuesto a ofrecerle cantidades notables. Y aunque no se aspira a lograr algo como lo que pasó con el de Mula, García Calvo tiene la orden explícita del presidente de no precipitarse, de mantener la cabeza fría y de que cuando considere que es el momento y el jugador adecuado, llevarlo a cabo. «No vamos a fichar por fichar», repite Suárez continuamente. Y por eso aparecen tantos nombres. Y por eso se descartan tantas ofertas.

Así las cosas, el club se plantea la contratación de un delantero y de un centrocampista. El ariete que supla a Keita, y el centrocampista que refuerce a una línea de mucho desgaste en la que las lesiones se están cebando, lo que complica muchas veces la formación del equipo. García Calvo y Molina buscan un centrocampista que ayude a Rueda, Rubio y Lázaro en las tareas de contención, ya que se piensa que con Alonso, Antón y Óscar la labor de creación está cubierta.

El lateral izquierdo no debería sufrir alteraciones, ya que se confía en la figura de Pablo Gómez para reforzar al primer equipo cuando sea necesario, y el nudo gordiano del asunto es el delantero. Nombres hay unos cuantos, incluido el del argentino Bordagaray, que sonó pero cuya candidatura parece haberse difuminado en las últimas semanas. El San Lorenzo le busca equipo, y todo apunta a que continuará en la competición argentina.

Actualmente el Valladolid tiene dos fichas libres en la plantilla profesional, ya que Raúl Navas ocupa plaza en el filial aunque juegue y entrene con el primer equipo. Así se pactó a principios de temporada con los representantes del jugador. Esas dos fichas libres serán tres en las próximas horas, ya que Keita y el club negocian la rescisión del contrato. Suárez no quiere al guineano en el equipo, ni siquiera entrenando en solitario en el gimnasio.

Y la cuarta ficha libre será la de Guilherme. El brasileño llega en las próximas horas a Valladolid, y su representante reconocía a Radio Marca que su patrocinado se había equivocado de actitud. Lamentos que llegan tarde, ya que Suárez no va a ceder y va a dar la boleta al lateral, ya sea por la vía de encontrarle un equipo, ya sea por la de pagarle el contrato íntegro.

Oscar “En lo personal estoy satisfecho, aunque es verdad que quizá me falta ritmo de competición”

Óscar llegó en el mes de septiembre procedente de Olimpiakos con unas consignas claras: disfrutar de minutos y poner su granito de arena para que el Club donde se formó, su casa, regresara a la máxima competición del fútbol nacional. El centrocampista salmantino apenas ha contado con oportunidades a lo largo de la temporada y ante el Tenerife pudo disfrutar de la titularidad y marcar su primer gol en su nueva etapa de blanquivioleta.

“En lo personal estoy satisfecho, aunque es verdad que quizá me falta ritmo de competición. En lo colectivo, es una pena que nos vuelvan a marcar en los últimos minutos y que otra vez perdamos puntos que nos alejan del objetivo”, explicó este lunes en la zona mixta.

Preguntado por la mala dinámica que vive el equipo actualmente, con un pobre balance de dos puntos en los últimos seis partidos, Óscar analiza la situación y mira con optimismo al futuro. “No son partidos en los que nos lleguen muchísimo, pero cuando te llegan te hacen gol y eso crea inseguridad a todo el mundo. Cogiendo una racha de dos o tres partidos ganados todo irá mejor, estoy seguro”.

Abel Resino “Merecimos ganar”

Abel Resino valora la actitud de sus jugadores, subraya los méritos de su equipo y se muestra convencido de que una victoria iniciará una buena racha

Abel Resino compareció en rueda de prensa después del empate que firmaron Real Valladolid y Tenerife en un partido en el que el Pucela hizo más méritos para llevarse la victoria. “Estoy contento con la actitud y con el trabajo de mis jugadores, en ese aspecto estoy tranquilo. Creo que merecimos ganar, hemos tenido fases buenas, hemos creado ocasiones pero nos ha faltado la coletilla final. Estamos inmersos en una racha negativa de la que saldremos con un resultado positivo, estoy convencido”.

El técnico manchego hizo hincapié en la necesidad de “seguir trabajando” y “sólo pensar en darle la vuelta” a la situación del equipo. “Queda mucha Liga por delante y estoy convencido de que cuando venzamos todo será diferente, tendremos más confianza y más seguridad”.

Abel se quejó del hecho de haber recibido el último gol en una jugada de estrategia. “Tenemos que tener la mente más fría, es algo que es consecuencia del estado de ansiedad que existe”.

2-2: El Pucela se atasca en el bache

El Real Valladolid tendrá que esperar una semana más para salir del bache en el que se ha metido, acumulando ya seis jornadas sin ganar. Esta tarde en Zorrilla empató a dos goles con el C.D. Tenerife después de tener todo a su favor para ganar, puesto que a cuatro minutos del final estaba con ventaja en el marcador, pero instalado en un estado de intranquilidad que le pesa como una losa, vio como su rival le igualaba.

El Pucela necesita tanto una victoria para salir de la depresión, que cada jornada que no lo consigue se autodestruye un poco más. Ante el Tenerife salió dubitativo y ni el gol de Óscar en el minuto 9 le dio tranquilidad, puesto que la jugada siguiente, de un balón centrado al segundo palo que no pudo despejar la defensa ni atajar Justo Villar, que debutó en la portería esta temporada, acabó en el empate a uno.

Nauzet sacó al equipo del desánimo en el minuto 26, al ejecutar con maestría una falta directa a la cruceta, que en su caída golpeó en Aragoneses y se convirtió en el 2-1. Pero a pesar de ir por delante, el Tenerife, colista de la categoría, se mostraba más alegre, con más chispa, como si el recuerdo de lo que pasó ante el Numancia le encogiera el alma a los blanquivioleta.

En cualquier caso, el Tenerife tocó bien el balón en el centro del campo, pero tampoco encontró la tecla para romper la defensa vallisoletana y poner en apuros a Justo Villar.

El Real Valladolid sólo se soltó la melena mediada la segunda mitad, cuando encadenó unos minutos de velocidad, verticalidad y precisión, con dos llegadas mortales por banda que debieron darle el tercer gol y el partido. Pero si cuando todo va bien la suerte sonríe, cuando todo va mal, la suerte te echa una mano al cuello. En el minuto 66 Jofre puso un balón de oro y en dos cabezazos a bocajarro el gol no llegó. En el segundo de ellos dio la impresión de que el balón traspasaba la línea, pero el árbitro y el juez de línea dieron por bueno el despeje de Aragoneses bajo palos, sacando el balón como gato luchando por su vida panza arriba.

Y poco después, Óscar cabeceó un centro de Barragán tras una jugada impresionante de potencia del lateral derecho sevillano, pero Aragoneses detuvo el balón, esta vez sí, en la misma línea.

Pero el fantasma, lo que se dice fantasma, no fue el gol de Javi Guerra que no subió al marcador, sino el que se apareció en Zorrilla a cuatro minutos del final. Fue el fantasma del Numancia. El partido estaba bastante controlado por la falta de chispa en el último cuarto del campo del Tenerife, pero en una falta lateral, Iriome cabeceó el centro de Julio Álvarez, como en el último partido en Zorrilla Barquero había fulminado al Pucela a centro de Nagore. Fue el 2-2.

El bache sigue. Sólo falta un empujón para salir de él, pero cuando tiene un pie fuera, el Pucela vuelve a caer. Tendrá que ser el sábado en Tarragona.

Fuente

Real Valladolid 2 – Tenerife 2: Año nuevo y lo de siempre

Y llegó la revolución de Abel. Tuvo que cambiar el año y hubo que esperar tres semanas de entrenamientos para comprobar en qué cree el técnico toledano. Y por lo que puso sobre el césped, cree en el compromiso, en la cantera, en la calidad. Ahora faltaba por ver si la apuesta funcionaba, si los retoques de chapa y pintura del mecánico jefe iban a permitir al bólido recuperar la necesaria aerodinámica como para acelerar en las rectas y no perder velocidad en las curvas.

Y el comienzo no fue para tirar cohetes. En media hora habíamos visto tres goles, pero nada de juego. El Valladolid no ofrecía nada, no mostraba nada. Óscar y Guerra no conectaban, y eso es un lujo que el Pucela no puede permitirse. Y no conectaban porque Rubio y Rueda jugaban demasiado en paralelo y volvían previsible el movimiento. La lógica de la alineación decía que Rubio sería el cabeceo de área y Rueda, por delante, sería el encargado de llevar el balón desde la zona de atrás a la posición de Óscar. Pues no, en paralelo. Y eso no funciona. Pero no funciona desde tiempo inmemorial, no es algo nuevo. Es como cuando Pepe Moré se empecinaba en poner a Richetti de medio centro, pese a que era evidente que al argentino jugar allí no le gustaba nada. Pues algo similar.

Sin continuidad

El Real Valladolid funcionaba a destellos, a golpes de la calidad de algunos de sus hombres, pero sin lo que se espera de un juego como el fútbol se viera sobre el césped de Zorrilla. Y eso es un problema, sin duda. Aunque es cierto que los partidos, en la situación de los blanquivioletas, hay que ganarlos como sea -no es hora de florituras y sí de pragmatismo-, pero con un mínimo de juego. Y eso que se ha denominado juego solo lo aportaban los insulares. A través de Ricardo y Julio Álvarez tocaban para mover la línea defensiva del Valladolid, algo que lograban, pero que moría en una cierta ingenuidad ofensiva. Pero su mejor colocación apuntaba a que daría frutos.

Lo que resultaba llamativo era el empecinamiento de Abel por mantener un dibujo que se veía que no funcionaba. Y lo que no funciona suele ir descomponiéndose poco a poco. Y el Tenerife se percató de ello. Mandiá introdujo tras el descanso a Iriome, movió un lateral de banda y puso a un medio centro por la izquierda. Mucho cambio, sí, pero con un objetivo claro: apretar en el sitio en el que el Valladolid estaba siendo más débil. Abel debió ver la jugada, porque quitó a Rueda, dio paso a Alonso y Rubio se fue algo más atrás. ¿Se volvía a la idea primigenia?

Sí, y bien. En esta ocasión el retoque era bueno. Los desplazamientos largos de Alonso hacia las bandas empezaron a desestabilizar a los defensas. El charro tiene menos recorrido que Rueda, y juega más adelantado, con lo que la idea del escalonamiento se produjo por sí sola. El juego de ajedrez en que en ocasiones se convierte el fútbol, en especial en la zona de los banquillos, parecía haberse inclinado hacia los de casa.

Fueron los mejores minutos del Valladolid, que llegaba por cualquiera de las dos bandas ante un equipo inseguro que empezaba a desmoronarse sin remedio. Guerra marró una ocasión incomprensible, que le sacó Aragoneses desde dentro de la portería; Oscar remató en escorzo un balón de Nauzet y de nuevo el cancerbero insular sacó el balón; Alonso golpeó duro desde lejos y el meta envió a córner. Se olía el tercer gol, el Pucela recuperaba las mejores sensaciones y por primera vez en lo que iba de partido se sabía a qué se jugaba y cómo había que hacerlo.

Pero hete aquí que como la dicha en casa del pobre no debe ser duradera, Abel debió considerar que Oscar estaba cansado -le falta ritmo de partidos, es cierto-, y le sustituyó por Baraja. Se volvía a la idea inicial, pero ahora con un criterio mucho más defensivo. Y esa fue la perdición. Alonso adelantó su posición, pero tiene poco de media punta, no llega a rematar con la facilidad de Óscar, y eso se notó.

El Valladolid fue perdiendo fuelle, presencia, llegada. Nauzet pidió el cambió, salió Álvaro Antón, y las bandas se perdieron definitivamente. A pesar de todo el Tenerife no llegaba y Justo Villar vivía plácidamente. Pero en el fútbol eso no asegura nada. El gol de Iriome puso el castañeo de dientes en el graderío. Este equipo huele mal, pero no porque no juegue, si no porque aunque juega bien, no es capaz de rematar los partidos. Y en Tarragona ya no caben errores.

Feliz 2011 a todos

Queremos desear lo mejor a todos los que pasaís por aquí, y a los que no.

Ojala que en el 2011 no falte ilusión, salud, y oportunidades para trabajar!